Del Robot al Knowbot:
Cuando los automatas descubrier—n el ciberespacio

Al robot le ha surgido un serio competidor, el Knowbot,
o robot de las redes.

La automatizaci—n impuesta por los robots en f‡bricas y cadenas de montaje tiene un l’mite en
un mundo dominado por la informaci—n. Un mundo en el que en 1995 las transmisiones
por correo electr—nico superaron por primera vez en la historia el volumen
del correo normal en EE.UU. Un mundo en el que unos 24 millones d personas conectaron con Internet en los tres œltimos meses. Un mundo, en fin, en el que en paises como Finlandia, con una poblaci—n de 5 millones de habitntes, hay 300.000 usuarios de Internet

Por supuesto, los robots continuan ofreciendo ventajas inconmensurables para los empresarios.
No hay que pagarles. No cotizan a la Seguridad Social. No tienen rivindicaciones y jamas
van a la huelga. Sindicatos y trabajadores no comparten exactamente la misma opini—n y los
califican de "killer jobs"

Hans Moravec o Ram—n Lopez de M‡ntaras , son algunos de los investigadores que
representan perfectamente la transici—n entre el robot y el Knowbot, entre los "habitantes de
la Repœblica Autom‡tica y los de la Repœblica Digital. Los dos comenzaron
interesandose por la rob—tica y ahora centran sus esfuerzos en la Knowb—tica

Morvec, director del Mobile Robot Laboratory de la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU) y
uno de los mayores expertos mundiales en rob—tica, ejerce de tarde en tarde como visionario
para anunciar que en algunas decenas de a–os, pongamos entre el 2050 y el 2100,
conviviremos con robots dotados de una inteligencia similar o superior a la de los seres
humanos

As’ de claro lo tiene Moverec: "El robot de la cuarta generaci—n y sus sucesores,
dotados de capacidades perceptivas y motrices similares a la de los seres humanos pero
superiores intelectualmente, sustituir‡n al hombre en todo y para todo. El
funcionamiento de nuestra sociedad podr’a ser confiado a m‡quinas caapacitadas para dirigir
la industria, desempe–ar el trabajo de investigaci—n y ocuparse de la producci—n, que
inmediatamente podr’a ser transferida al espacio para aprovechar los inmensos recursos del
sistema solar y, de paso, dejar a los seres humanos la tierra, transformada en
reserva natural"

No hace falta esperar al siglo XXI. En 1996 ya tenemos robots que testan balones de fœtbol
para Adidas: robots, como Rosa, que podan geranios: o ingenios como Eva que est‡n
siguiendo un curso acelerado de astron‡utica antes de partir rumbo al planeta Marte. El
parque espa–ol de robots supera las 4.000 unidades

Los investigadores de la rob—tica no pierden de vista el ciberespacio, donde ya evolucinan
los Knowbots, las rŽplicas virtuales de sus colegas de cuello de acero. Se trata de
criaturas inmateriales aut—nomas, capaces de estudiar el comportamiento del usuario
para adivinar sus necesidades. Segœn los expertos m‡s radicales, algunos podr’an dedicarse a
una especie de actividad alturista, transformando en ciberespacio porciones v’rgenes del
universo